Personas que “ladran” o “maúllan” en espacios públicos: ¡La invasión THERIAN!

¡La invasión THERIAN!

Subculturas identitarias y performance social.

Hoy vamos a hablar de los therians (o la teriantropía), un tema que la inmediatez de las redes sociales nos empuja a juzgar en quince segundos, pero que esconde un debate fascinante sobre las fronteras de la identidad humana.

¿Qué es exactamente un Therian? Para ejercer el criterio, primero hay que entender. Un therian no es alguien que simplemente disfruta disfrazándose de un animal (como ocurre en la comunidad furry), ni es un actor interpretando un papel. Son personas que se identifican, a un nivel psicológico, integral o espiritual, como un animal no humano. No niegan que tienen un cuerpo físico humano —saben perfectamente que lo son biológicamente—, pero su identidad interna, sus instintos y su forma de percibir el mundo están profundamente ligados a la de un lobo, un zorro, un gato o cualquier otra especie.

Pero si rascamos la superficie y aplicamos el acto de resistencia que es pensar, surgen preguntas mucho más profundas: ¿Qué nos dice este fenómeno sobre la sociedad actual? ¿Es la teriantropía un grito de auxilio de una generación hiperconectada a las pantallas y totalmente desconectada de la naturaleza? ¿Es el nivel máximo de la libertad individual, o es una respuesta psicológica a un mundo moderno que resulta insoportable para algunos?

El choque de las opiniones: Aquí es donde la información choca con la percepción, y donde esta aventura se vuelve interesante. Para muchos, esto es un absurdo que la sociedad moderna ha permitido llegar demasiado lejos, una negación de la realidad biológica básica. Para otros, es una expresión válida y profundamente personal de la neurodivergencia, la espiritualidad o la disforia de especie, que no daña a nadie y merece respeto.

Por ahí escuché un chiste: «¡Qué mal tratamos a los emos!». Y bueno, la verdad es que sí, yo no viví como tal el mundo emo de cerca, pero un emo al lado de un therian es digno de admirar y replicar. Ojo, no tengo nada en contra de los emos, pero es verdad que en su tiempo eran algo muy nuevo y en muchos casos asustaban a la sociedad por su forma tan diferente de concebir el día a día. Pero los therian son un mal chiste y de paso mal contado. Es un absurdo total y un despropósito sin posibilidad alguna de discusión.

Aquí hay poco que decir. Yo en verdad pienso que es una oportunidad que muchos quieren aprovechar para llamar la atención, que, en todo caso, ahí sí hay un problema que debe ser atendido. La gente llama la atención cuando quiere comunicar algo, y es lo único que pudiéramos rescatar de este evento, porque es pasajero; hoy son therians, mañana serán robots y beberán aceite de carro, o se percibirán un astro y se vestirán de luces por todo el cuerpo; quién sabe qué vendrá después. Lo que es seguro es que, ante la búsqueda tan extrema de identidad, está la realidad de que carecen de ella. Nuestra sociedad no sabe quién es, ni quién quiere ser, y estos casos son los que lo hacen más evidente, porque al ser los más extremos son los más ruidosos, pero no cabe duda de que en el silencio, en un mundo sin personalidad y de plástico, miran a los lados para ver a quién pueden copiar, y lo encuentran, pero ya ese también es copia de una copia que fue copiada de otra copia. Un eco infinito.

Observamos qué hace el resto.

Qué estética tiene éxito.

Qué etiqueta circula en redes.

Un reflejo dentro de otro reflejo.

No tienes que ser la copia de nadie, eres único aunque no imprescindible; eres más como una pieza de un rompecabezas lleno de piezas diferentes a ti.

Así también te animo, si conoces a alguien que intenta ser alguien más, ayúdale a encontrarse a sí mismo, afrontando la vida de la mejor forma posible, como decía un profe que tuve: hacer el bien sin mirar a quién.

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