Cohetes de billonarios y un planeta en llamas: La nueva carrera espacial

¡La nueva carrera espacial!

Bienvenidas y bienvenidos, una vez más, a nuestra plaza pública.

El contraste es tan brutal que parece sacado de una película de ciencia ficción distópica. Por un lado de la pantalla, vemos imágenes asombrosas en alta definición de cohetes privados atravesando la atmósfera, financiados por las fortunas más grandes de la historia humana. Por el otro lado, vemos titulares de sequías, crisis económicas y olas de calor sin precedentes.

Las redes sociales procesan esto a través de dos filtros básicos: el asombro ciego o el meme resentido. Pero hoy te pido que hagamos el ejercicio de pensar.

La nueva carrera espacial privada nos obliga a hacernos preguntas existenciales. ¿Son estos magnates los pioneros visionarios que garantizarán la supervivencia de la especie humana, haciéndonos multiplanetarios? ¿O estamos viendo la construcción del “bote salvavidas” más exclusivo y arrogante de la historia, donde los ultrarricos huyen hacia las estrellas mientras abandonan una Tierra que ellos mismos ayudaron a agotar?

Sé que parece algo sacado de una película, pero realmente a mí me asombra cómo nosotros, como humanidad, somos capaces de superarnos cada día en lo que se refiere a nuestra forma de hacer las cosas sin medir las consecuencias, sin distinguir con claridad entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo incorrecto. Normalmente, esto responde a nuestro desmedido ego, porque lo que realmente sabemos es casi nada frente al vastísimo conocimiento que encierra el universo.

Yo siempre he estado a favor de alimentar nuestra duda con la exploración de lo que no conocemos, siempre y cuando esto no nos haga perder la cabeza. Quiero creer que este no es el caso, pero es difícil sostenerlo cuando tenemos más de mil millones de personas en pobreza extrema y, aun así, soñamos con conquistar otros mundos a los que, en la práctica, es casi imposible llegar, incluso viajando a la velocidad de la luz. Una velocidad que, por cierto, para las distancias del universo, se considera extraordinariamente lenta.

Un caracol tardaría menos en ir de Europa a América que lo que tardaríamos, incluso a la velocidad de la luz, en alcanzar un planeta lejano donde quizá exista apenas la sombra tenue de una posibilidad de vida.

Para finalizar, no me malinterpreten. No puedo echarle la culpa a un par de ricos de que nuestro mundo esté así. Lo digo como especie: creo que hemos fallado estrepitosamente. Y, por cierto, la distribución de la riqueza quizá ni siquiera sea nuestro mayor problema.

El micrófono es tuyo. Como he dicho siempre, las opiniones diferentes son las que más nos hacen crecer. ¿Ves esperanza en esos cohetes o ves la máxima expresión de la desigualdad?

Detente, reflexiona y deja tu opinión en los comentarios.

Te leo.


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